Melatonina vs alternativas naturales para el insomnio: qué funciona realmente
on August 19, 2026

Melatonina vs alternativas naturales para el insomnio: qué funciona realmente

Melatonina vs alternativas naturales para el insomnio

TL;DR

La melatonina no es un somnífero: es una hormona que informa al cerebro de que ha anochecido, así que ajusta el *momento* del sueño, no su profundidad.** Funciona bien en jet lag, retraso de fase y trabajo por turnos, con dosis bajas (0,5-3 mg) tomadas a la hora correcta. Funciona mal en el insomnio por estrés e hiperactivación, que es el más frecuente. Ahí tienen más sentido alternativas naturales como la ashwagandha estandarizada, el magnesio bisglicinato o la L-teanina, que actúan sobre otra palanca: bajar la activación fisiológica. Ninguna cura el insomnio, y la higiene del sueño sigue siendo la base innegociable. En Nayur Balance formulamos sin melatonina sintética por eso mismo: el objetivo no es noquear al sistema nervioso, sino devolverle la capacidad de apagarse solo.

¿Qué hace realmente la melatonina en el cuerpo y qué no hace?

La melatonina es una hormona que sintetiza la glándula pineal cuando la retina deja de recibir luz. Su función no es "provocar sueño" sino comunicar oscuridad: sincroniza temperatura corporal, cortisol, presión arterial y digestión con el ciclo de 24 horas. Los cronobiólogos la llaman "la hormona de la oscuridad", no "la hormona del sueño". El matiz parece semántico y no lo es.

Entendido eso, la discusión sobre melatonina vs alternativas naturales para el insomnio deja de ser una comparación de potencia y pasa a ser una comparación de mecanismos: una mueve el reloj, las otras bajan el nivel de activación. Son problemas distintos, y confundirlos explica por qué tanta gente nos escribe diciendo que "la melatonina no le hace nada": su problema nunca fue de horario, sino de cabeza a mil revoluciones a medianoche.

En Nayur Balance trabajamos sobre todo con personas que duermen mal por estrés sostenido, jornadas largas y un ritmo de cortisol desordenado. En ese perfil, la melatonina rara vez es la pieza que faltaba. Lo decimos aunque sería más cómodo prometer lo contrario: hay mucha diferencia entre un producto que te apaga y un sistema que te ayuda a apagarte. Nuestra fórmula de descanso parte de la segunda idea.

¿Por qué la melatonina no es un sedante?

Un sedante actúa sobre los receptores GABA-A deprimiendo el sistema nervioso central: te noquea, sea la hora que sea. La melatonina actúa sobre los receptores MT1 y MT2 del núcleo supraquiasmático, el marcapasos circadiano del hipotálamo. No deprime nada: informa. Por eso su efecto es sutil, depende del momento de la toma y resulta casi invisible si el reloj interno ya está alineado.

Esta diferencia explica un fenómeno que vemos a diario: alguien toma 5 mg, no nota "el golpe" y concluye que necesita 10 mg. En realidad sube el volumen de una señal, no la potencia de un fármaco. El meta-análisis de Ferracioli-Oda publicado en PLOS ONE en 2013, con 19 estudios y 1.683 sujetos, halló efectos reales pero modestos: unos siete minutos menos de latencia y ocho más de sueño total.

Hay otro factor que casi nadie contempla: la luz gana. Si tomas la cápsula con el salón encendido y el móvil en la mano, envías dos mensajes contradictorios: la hormona exógena dice "es de noche" y tus fotorreceptores dicen "es de día". Se impone casi siempre la señal luminosa. Una toma sin penumbra real es, en la práctica, dinero tirado.

¿Cuándo funciona la melatonina de verdad?

Hay tres escenarios en los que la melatonina rinde de forma consistente, y los tres comparten algo: el problema es de horario, no de nervios. El primero es el jet lag. Al cruzar cinco o más husos horarios el reloj interno sigue anclado al origen y necesita uno o dos días por huso para reajustarse; una dosis baja al acostarse en destino acelera ese reajuste con evidencia sólida.

El segundo es el retraso de fase: quien no logra dormirse hasta las tres o las cuatro, duerme perfectamente si le dejan hasta el mediodía y sufre cada mañana laborable. Aquí no hay insomnio en sentido estricto, hay un reloj corrido varias horas. La melatonina tomada temprano —tres a cinco horas antes de la hora deseada, no al acostarse— adelanta la fase. Manda el momento: 0,5 mg a las nueve hacen más que 5 mg a la una.

El tercero es el trabajo por turnos, un desfase horario permanente sin haber pisado un aeropuerto. Aquí puede ayudar a consolidar el sueño diurno, siempre con oscuridad real y asumiendo que se gestiona un daño, no que se elimina. La EFSA reconoció la relación causa-efecto entre la melatonina y la reducción de la latencia de sueño y fijó que 1 mg basta: más no mejora el efecto. En estos tres casos, el debate melatonina vs alternativas naturales para el insomnio se resuelve a favor de la primera, porque ningún adaptógeno desplaza el reloj circadiano.

¿Cuándo la melatonina no va a resolver tu insomnio?

Si te duermes rápido pero te despiertas a las tres y media con la cabeza en marcha, la melatonina no es tu herramienta. Ese despertar de mantenimiento suele asociarse a un pico adelantado de cortisol, a rumiación ansiosa o a hipoglucemia nocturna, y nada de eso se corrige con una señal de oscuridad. Además, su vida media es corta: a esa hora ya no queda casi nada de la dosis de las once.

Tampoco funciona bien en el insomnio de conciliación por estrés agudo, el motivo número uno por el que se compran suplementos para dormir en España. Ahí tu reloj no está desplazado: tienes un sistema nervioso simpático en alerta a medianoche porque la jornada ha sido un incendio. Tu cuerpo sabe qué hora es; lo que no hace es darse permiso para apagarse.

El tercer caso donde vemos fracasos sistemáticos es el insomnio crónico, con más de tres meses de evolución y componente conductual. Cuando alguien lleva un año temiendo meterse en la cama hay un condicionamiento que ninguna molécula deshace. El tratamiento con mejor evidencia es la terapia cognitivo-conductual para el insomnio (TCC-I), y lo decimos aunque nos deje fuera: ahí un suplemento es un apoyo, nunca la solución.

¿Cuál es la dosis efectiva de melatonina y por qué menos es más?

La secreción nocturna de una pineal sana equivale, a grandes rasgos, a entre 0,1 y 0,3 mg por vía exógena. Con 5 o 10 mg se alcanzan concentraciones plasmáticas entre diez y cuarenta veces superiores a las fisiológicas. Esa sobredosis no mejora la señal: la distorsiona y la alarga. De ahí que el rango razonable esté entre 0,5 y 3 mg y que la Sleep Foundation recomiende empezar bajo, en 0,5 o 1 mg.

En España hay además un marco regulatorio que conviene conocer. Los complementos alimenticios pueden contener hasta 1,9 mg por dosis diaria; a partir de 2 mg el producto se considera medicamento. La AEMPS ha retirado productos por superar ese umbral, como recoge su nota sobre la retirada de un complemento con 3 mg por cápsula. Si tienes gominolas de 10 mg traídas de un viaje, estás muy por encima de cualquier dosis con respaldo.

El parámetro que casi nadie ajusta, y que pesa más que los miligramos, es la hora de la toma: 30-60 minutos antes de acostarte para dormirte esa noche, o varias horas antes de la hora objetivo para adelantar la fase. Y nunca de madrugada: tomar melatonina a las tres puede retrasar aún más tu reloj y arruinarte la noche siguiente. El timing manda sobre la dosis.

¿Qué riesgos tiene el uso crónico de melatonina?

Empecemos por lo justo: a corto plazo el perfil de seguridad es favorable. No genera dependencia física ni el síndrome de abstinencia de las benzodiacepinas, y sus efectos adversos más frecuentes son leves: somnolencia residual, cefalea, mareo, náuseas, sueños vívidos. Comparada con un hipnótico de prescripción es una molécula benigna.

Dicho eso, la evidencia sobre uso continuado durante años en adultos sanos es limitada y hay tres cuestiones que merecen atención. Las interacciones: con anticoagulantes, antihipertensivos, antidiabéticos, inmunosupresores, anticonceptivos y algunos antidepresivos. La dependencia psicológica: no es adicción química, pero el "sin mi pastilla no duermo" lo hemos leído decenas de veces. Y el coste de oportunidad: cada mes tomándola para un problema que no es circadiano es un mes sin atacar la causa real.

Existe además un debate abierto sobre si el aporte externo prolongado modula la producción endógena. La evidencia no ha demostrado supresión sostenida en adultos, así que afirmarlo sería deshonesto. Lo que sí observamos —experiencia de campo, no dato clínico— es un patrón de escalada repetido: empezar con 1 mg, acabar en 5 y seguir durmiendo mal. Esa escalada sin mejoría es la señal más clara de que tocaba explorar alternativas naturales o consultar a un profesional.

¿Qué alternativas naturales al insomnio tienen evidencia real?

Cuando el problema no es el reloj sino la activación, cambia la diana: hay que ayudar al sistema nervioso a pasar de simpático a parasimpático. Ahí entran los adaptógenos, ciertos minerales con afinidad neurológica y algunos aminoácidos. No todos tienen el mismo respaldo, y parte de nuestro trabajo consiste en decir cuáles sí y cuáles no, aunque el mercado los venda todos por igual.

Una advertencia sobre expectativas: ninguno de estos compuestos noquea. Su efecto es acumulativo, se aprecia entre la segunda y la cuarta semana y se percibe menos como "me caigo de sueño" y más como "me metí en la cama y no le di vueltas a nada". Si buscas el efecto de un hipnótico, ninguna alternativa natural te lo va a dar.

También pesa más la calidad del extracto que el nombre del ingrediente. "Ashwagandha" en una etiqueta puede ser raíz molida sin estandarizar o un extracto validado con porcentaje declarado de witanólidos: esa diferencia separa un estudio publicado de un placebo caro. Por eso trabajamos con extractos certificados y dosis abiertas, sin mezclas propietarias.

¿Qué evidencia tiene la ashwagandha Sensoril® para el sueño?

La ashwagandha (*Withania somnifera*) es el adaptógeno con mejor respaldo en el eje estrés-sueño. Su mecanismo no es sedante: modula el eje hipotálamo-hipófiso-adrenal y normaliza el cortisol nocturno, el problema de quien se acuesta agotado pero acelerado. Sensoril® es un extracto estandarizado al 10% de witanólidos, con perfil orientado a relajación frente a otros más orientados a energía.

En cuanto a datos, el ensayo aleatorizado y controlado con placebo de Deshpande publicado en Sleep Medicine en 2020 evaluó a 150 adultos con sueño no reparador durante seis semanas: mejora del 72% en calidad de sueño autorreportada frente al 29% del placebo, sin efectos adversos relacionados. El meta-análisis de PLOS ONE de 2021 concluyó un efecto pequeño pero significativo, más marcado con dosis de 600 mg o más durante ocho semanas.

Nuestra lectura honesta: la ashwagandha no es magia, es consistencia. Rinde mejor en quien tiene el sueño alterado por estrés que en quien ya duerme bien. Exige continuidad —dos semanas para notar algo, seis para valorar— y tiene contraindicaciones que no se pueden ignorar: embarazo, lactancia, patología tiroidea sin control médico e inmunosupresores. Es el ingrediente central de SUPER REST porque ataca el origen, el cortisol, no el síntoma.

¿Sirve el magnesio bisglicinato para dormir mejor?

El magnesio participa en más de trescientas reacciones enzimáticas y es cofactor en la regulación del receptor NMDA y en la actividad GABAérgica: interviene en la relajación neuromuscular y en la capacidad del cerebro para bajar revoluciones. El déficit subclínico es frecuente en dietas occidentales, con estrés crónico —que aumenta su excreción urinaria— y en quienes entrenan con regularidad.

La forma importa más de lo que se cree. El óxido de magnesio, el más barato, tiene baja biodisponibilidad y efecto laxante notable. El bisglicinato es magnesio quelado con glicina: se absorbe mucho mejor, apenas altera el tránsito y aporta un extra, porque la glicina influye en la temperatura corporal central y en el sueño. Por eso lo elegimos, aunque encarezca la fórmula.

Con contexto, eso sí: si tus niveles son correctos, suplementar magnesio no transformará tu descanso. Corrige un déficit y facilita la relajación; no es un hipnótico. Su mejor perfil de respuesta es quien tiene tensión muscular nocturna, calambres, bruxismo o cuerpo agarrotado al acostarse. Ahí, combinarlo con ashwagandha funciona mejor que cualquiera de los dos por separado: cubren capas distintas del mismo problema.

¿Qué aportan la L-teanina, la glicina y la valeriana?

La L-teanina es un aminoácido del té verde que aumenta las ondas alfa cerebrales —relajación despierta, no somnolencia— y modula GABA, dopamina y serotonina. Relaja sin sedar: no produce embotamiento ni afecta al rendimiento cognitivo. Las dosis estudiadas van de 100 a 400 mg, con efecto en 30-60 minutos, y encaja bien en quien llega a la cama con pensamiento acelerado.

La glicina es un neurotransmisor inhibitorio. Los estudios disponibles, en su mayoría japoneses y con muestras pequeñas, apuntan a que 3 gramos antes de acostarse mejoran la calidad subjetiva del sueño, favoreciendo la vasodilatación periférica y la bajada de temperatura central que dispara el inicio del sueño. Su limitación es evidente: hablamos de gramos, no de miligramos, así que rara vez cabe en una cápsula.

La valeriana merece párrafo aparte porque aquí vamos a contracorriente. El meta-análisis de Fernández-San-Martín en Sleep Medicine concluyó que mejora la calidad subjetiva del sueño, pero que esa mejora no se confirma con medidas objetivas. A eso se suma un problema de estandarización severo: dos productos con "500 mg de valeriana" pueden tener perfiles fitoquímicos distintos. Está sobrerrepresentada en las fórmulas de descanso porque es barata y suena familiar. Por eso no la usamos.

¿Cómo se comparan melatonina y alternativas naturales cara a cara?

La tabla resume lo esencial. No hay ganador universal: hay una correspondencia entre el mecanismo del compuesto y el origen del problema. Leerla con tu propio patrón de insomnio en mente es más útil que buscar "el mejor producto para dormir".

Activo

Mecanismo principal

Dosis con respaldo

Mejor para

Tiempo hasta notar

Limitación honesta

Melatonina

Señal circadiana (cronobiótico)

0,5-3 mg (máx. 1,9 mg como complemento en España)

Jet lag, retraso de fase, turnos

Misma noche, si el timing es correcto

Efecto modesto en insomnio por estrés

Ashwagandha Sensoril®

Modula el eje HHA y el cortisol

120-600 mg/día, 6-8 semanas

Insomnio por estrés y sueño no reparador

2-6 semanas

Requiere continuidad; contraindicada en tiroides sin control

Magnesio bisglicinato

Relajación neuromuscular, GABA, NMDA

200-400 mg de magnesio elemental

Tensión muscular, bruxismo, calambres

1-3 semanas

Poco efecto si no hay déficit

L-teanina

Ondas alfa, modulación GABA

100-400 mg

Rumiación mental nocturna

30-60 minutos

Relaja, pero no induce sueño

Glicina

Bajada de temperatura corporal central

3 g antes de acostarse

Dificultad para "enfriarse"

1-3 noches

Dosis en gramos, difícil de encapsular

Valeriana

GABAérgico incierto

300-600 mg

Uso tradicional

Variable

Mejora subjetiva no confirmada objetivamente

Lo que la tabla deja ver de un vistazo es que la melatonina es la única fila que actúa sobre el horario; todas las demás actúan sobre el estado del sistema nervioso. Por eso plantear melatonina vs alternativas naturales para el insomnio como una competición está mal de origen: son herramientas para trabajos distintos vendidas bajo la misma etiqueta de "productos para dormir".

Y hay una columna implícita que pesa más que todas las anteriores: lo que haces con tus últimas dos horas del día. Ningún activo de esa lista compensa una rutina nocturna hostil al sueño. Ninguno.

¿Por qué la higiene del sueño sigue siendo la base innegociable?

Vendemos suplementos y aun así lo decimos: si no arreglas tus hábitos, ningún producto —el nuestro incluido— te dará el descanso que buscas. La higiene del sueño es la variable con más peso de la ecuación. Un suplemento bien formulado suma sobre una base decente; sobre una base rota, suma poco. Preferimos decirlo antes que fingir lo contrario para cerrar un pedido.

Cuatro palancas explican la mayoría de los casos que vemos. Regularidad horaria: acostarse y levantarse a la misma hora, fines de semana incluidos, estabiliza el reloj circadiano mejor que cualquier cápsula. Luz: sol en los primeros 30-60 minutos del día y penumbra real las dos horas previas a dormir. Cafeína: su vida media ronda las cinco o seis horas, así que el café de las cinco sigue circulando a medianoche. Temperatura: 18-19 grados facilitan la caída térmica que inicia el sueño.

Añadimos una quinta que casi nadie aplica: no usar la cama para nada que no sea dormir o sexo. Si trabajas, ves series o discutes por mensajes en la cama, tu cerebro deja de asociarla con el sueño. Y si llevas más de veinte minutos dando vueltas, levántate, ve a otra habitación con luz tenue y vuelve cuando tengas sueño real: suena contraintuitivo y está entre las intervenciones con mejor respaldo de la TCC-I. Lo ampliamos en nuestra guía de higiene del sueño.

¿Cómo elegir entre melatonina y alternativas naturales según tu caso?

El criterio que usamos internamente cabe en tres preguntas. Primera: ¿tu problema es de horario o de activación? Si duermes bien cuando eliges la hora y fatal cuando tienes que madrugar, es horario, y ahí la melatonina en dosis baja con el timing correcto es la herramienta indicada. Si duermes mal siempre, es activación, y te va a decepcionar.

Segunda: ¿en qué momento de la noche falla? Si cuesta conciliar con pensamiento acelerado, la L-teanina y la ashwagandha son las candidatas. Si te despiertas de madrugada con el corazón acelerado, el sospechoso es el cortisol, y el adaptógeno tiene más sentido que una hormona que a esas horas ya está metabolizada. Si hay tensión física, calambres o bruxismo, magnesio bisglicinato.

Tercera: ¿cuánto tiempo llevas así? Menos de tres semanas con una causa identificable —un proyecto, un duelo, una mudanza— suele ser insomnio agudo y responde a ajuste de hábitos más apoyo puntual. Más de tres meses, tres o más noches por semana y con impacto diurno, es insomnio crónico: merece valoración profesional, no autogestión. Si encajas en el perfil de estrés-activación, ahí está el Ritual Completo.

¿Qué le pasó a un comercial que llevaba tres años tomando melatonina?

Un cliente nos escribió con un caso que resume todo lo anterior. Varón de 41 años, comercial de zona en el sector industrial, 2.000 kilómetros de coche al mes y objetivos trimestrales. Llevaba tres años tomando melatonina a diario: empezó con 1 mg de farmacia y subió hasta gominolas de 5 mg traídas de un viaje. Se dormía rápido y se despertaba casi cada noche entre las 3:30 y las 4:00, sin volver a dormirse hasta las 6.

Su conclusión era que "había dejado de hacerle efecto". La nuestra fue distinta: nunca había tratado su problema. Conciliación aceptable, despertar de madrugada y activación mental inmediata apuntaban a un cortisol desregulado por estrés sostenido, no a un reloj desplazado. Los 5 mg no perdían eficacia: no tenían nada que corregir, más allá de la sensación de estar haciendo algo.

Le planteamos tres frentes, sin atajos: retirada progresiva en tres semanas para evitar el rebote psicológico, ashwagandha Sensoril® con magnesio bisglicinato por la noche, y tres hábitos no negociables (café antes de las 14:00, cena dos horas antes de acostarse, luz tenue desde las 22:30). A las dos semanas seguía despertándose, pero volvía a dormirse. Hacia la sexta, los despertares bajaron a una o dos noches por semana. No desaparecieron, y no le prometimos que lo hicieran.

¿Cuándo hay que dejar de automedicarse y consultar a un médico?

Hay señales que sacan el problema del terreno del suplemento y lo meten en el del diagnóstico. Si tu pareja te dice que roncas fuerte y haces pausas respiratorias, o si te levantas con dolor de cabeza pese a dormir ocho horas, el sospechoso principal es la apnea obstructiva del sueño. Ahí ni la melatonina ni ninguna alternativa natural pintan nada: hace falta un estudio del sueño.

Otras banderas rojas: necesidad irrefrenable de mover las piernas al acostarse —síndrome de piernas inquietas, a menudo ligado a ferritina baja—, somnolencia diurna intensa pese a dormir suficiente, insomnio con ánimo bajo persistente, y cualquier insomnio de más de tres meses con impacto funcional. Todos tienen abordajes específicos y ninguno se resuelve en un e-commerce.

También conviene consultar antes de suplementar si tomas medicación crónica, si estás embarazada o en lactancia, si tienes patología tiroidea o autoinmune, o si te operan pronto. La ashwagandha, el magnesio y la melatonina interactúan con distintos fármacos, y ninguna etiqueta sustituye el criterio de un profesional. Si tienes dudas sobre nuestras fórmulas y tu caso, escríbenos desde la página de contacto: preferimos decirte que un producto no es para ti antes que vendértelo.

Preguntas frecuentes

¿Es mejor la melatonina o las alternativas naturales para el insomnio?

Depende del mecanismo de tu insomnio, y cualquier respuesta categórica es sospechosa. La melatonina gana cuando el problema es circadiano: jet lag, retraso de fase o trabajo por turnos. Ahí ninguna alternativa natural puede sustituirla, porque ningún adaptógeno desplaza el reloj interno.

Las alternativas naturales ganan cuando el problema es de activación: estrés sostenido, rumiación nocturna o tensión física. Ahí la ashwagandha Sensoril®, el magnesio bisglicinato y la L-teanina actúan sobre la causa mientras la melatonina repite una información que tu cuerpo ya tiene. Por eso planteamos melatonina vs alternativas naturales para el insomnio como una cuestión de diagnóstico previo, no de preferencia.

¿Cuánta melatonina debo tomar para dormir?

El rango con mejor respaldo está entre 0,5 y 3 mg, y en España los complementos alimenticios no pueden superar 1,9 mg por dosis diaria; por encima de 2 mg se considera medicamento. Empezar por 0,5 o 1 mg es lo sensato: si va a funcionar, funcionará a esa dosis. Las presentaciones de 5 o 10 mg no aportan eficacia y aumentan la somnolencia residual.

Más importante que la cantidad es el momento: 30-60 minutos antes de acostarte, o varias horas antes de tu hora objetivo si buscas corregir un retraso de fase. Nunca de madrugada: puede retrasar aún más tu reloj.

¿La melatonina crea dependencia?

No genera dependencia física ni síndrome de abstinencia como las benzodiacepinas, y ese es uno de sus puntos fuertes frente a los hipnóticos de prescripción. Al dejarla no aparece un rebote farmacológico comparable al de un somnífero clásico.

Lo que sí vemos con frecuencia es dependencia psicológica: la creencia instalada de que sin la cápsula no se puede dormir. Esa asociación condiciona el sueño, y por eso recomendamos retiradas progresivas de dos a tres semanas en lugar de cortes bruscos.

¿Puedo combinar melatonina con ashwagandha o magnesio?

En términos generales no hay incompatibilidad conocida entre melatonina, ashwagandha y magnesio bisglicinato, y hay quien los combina mientras retira progresivamente la primera. Consulta con tu médico o farmacéutico si tomas medicación crónica: tanto la melatonina como la ashwagandha tienen interacciones documentadas.

Nuestra recomendación práctica es otra: antes de apilar activos, aclara qué intentas corregir. Combinar todo "por si acaso" es la forma más rápida de no saber qué funciona. No formulamos con melatonina sintética porque preferimos trabajar sobre el cortisol, pero esta hormona tiene su lugar cuando la indicación es correcta.

¿Existen alternativas naturales para el insomnio sin efecto rebote?

Los adaptógenos y minerales de los que hablamos —ashwagandha, magnesio bisglicinato, L-teanina, glicina— no producen efecto rebote al retirarlos porque no sedan: modulan. Al dejarlos vuelves a tu punto de partida de forma progresiva, sin el empeoramiento agudo típico de los hipnóticos.

Eso implica también lo contrario: como no sedan, no habrá un antes y un después dramático la primera noche. Su beneficio es acumulativo. Entre las alternativas naturales para el insomnio, esa es la contrapartida real: menos espectacularidad a cambio de una relación más sana con el descanso.

¿Por qué Nayur Balance no incluye melatonina en sus fórmulas?

Por tres motivos, y ninguno es que la melatonina sea mala. El primero es de foco: la mayoría de quienes nos escriben tienen un problema de activación por estrés, no de fase circadiana, y ahí rinde poco. El segundo es la dependencia psicológica: preferimos que el cuerpo recupere su ritmo antes que asociar el sueño a una cápsula.

El tercero es regulatorio y de coherencia. Con el límite de 1,9 mg en complementos alimenticios, añadirla a una fórmula de descanso es sobre todo un argumento de etiqueta que ocuparía espacio destinado a activos con dosis clínicas completas. Si tu caso es de jet lag o retraso de fase, te diremos abiertamente que compres melatonina y no nuestro producto: ahí es la mejor herramienta disponible.